Sumario del número 21

 

 Editorial 

                                                                                              

 

Por: Enrique González. Director-Editor de Grabado y Edición

Hay cosas que cuesta entender. Hace unos días pudimos ver en las noticias, a un relevante político de alguna comunidad autónoma que se

refería a los logros conseguidos por su consejería de cultura a lo largo del año. Lo llamativo del caso era el alejamiento y la frialdad con la

cual enumeraba el sinfín de exposiciones, conciertos, obras de teatro, etc., que la institución había sido  capaz de organizar. El político en

cuestión, concluía su discurso afirmando haber programado más eventos que en el año anterior y con menor gasto.

En ningún momento se le pasó por la imaginación a aquel individuo hablar de otra cosa que no fueran cifras, obviando el contenido, la calidad,

la continuidad o la repercusión que estos actos pudieran tener.

La conclusión es que la política cultural de nuestro país es realmente penosa y manifiestamente desmoralizadora. Oímos hablar del empleo,

de la crisis, de resucitación de los valores, pero nadie parece caer en la cuenta del potencial cultural que posee España, de la trascendencia

que implicaría apostar por vender al exterior más cultura de calidad y menos sol, playa y discoteca. Respecto al tema resulta esclarecedora la

entrevista que hemos mantenido con Luis Gordillo en esta nueva entrega. En ella se hacen patentes las deficiencias que arrastramos desde hace

años y el gran perjuicio que el problema puede causar a medio y a largo plazo. La falta de preparación de nuestros dirigentes y la pasividad de

nuestra sociedad, son el caldo de cultivo perfecto para acabar con nuestras posibilidades de supervivencia a nivel creativo, para que el exilio

voluntario de nuestros artistas se convierta en el precio a pagar en el desarrollo cabal de su trabajo.

 

 

                                                                                             

                                 

 

 

 

 Historia del grabado

                        

 

90 años Bauhaus.

Por:  Carmen Hidalgo de Cisneros Wilckens 

Este año 2009, que ya avanza hacia su final, ha celebrado muchas efemérides, pero quizás una de las más notables haya sido el nacimiento

de Das Staatliche Bauhaus de la mano de Walter Gropius en Weimar, Alemania, en abril de 1919. Durante su existencia y hasta su clausura

en 1933, esta escuela de arte, diseño y arquitectura revolucionó la educación artística en un intento de reformar la enseñanza del arte

para convertirse en laboratorio de ideas y productos y transformar la sociedad. Uno de sus principios fundamentales, unir arte y vida,

sigue vigente en la actualidad. Su edad no resta frescura a sus inmensos logros, sus ideales carecen de fecha de caducidad.

Para situar a la Bauhaus en el tiempo y trazar un paralelismo con un hecho histórico que la marca, sirve, al igual que en la corriente artística de la Nueva

Realidad , la República de Weimar. Su duración es prácticamente coincidente. Después de la Primera Guerra Mundial y los cambios políticos de los años

1917 y 18, diferentes sectores de la sociedad alemana hacen un esfuerzo enorme por iniciar reformas y establecer un nuevo comienzo. Walter Gropius,

arquitecto berlinés, es nombrado director de la institución que resulta de la fusión de la Escuela de Artes Aplicadas y la Academia de  Bellas Artes de Weimar

a la que denominan Bauhaus, Casa de Construcción. En 1919 publica su Manifiesto y proclama la inminente necesidad de reformar la enseñanza de las artes.

Se habla del creciente aislamiento del artista y del poco sentido que tiene su trabajo en la realidad social. Se responsabiliza de ello, por un lado a la

enseñanza tradicional en las academias de arte y por el otro a la industria, la manufactura y los artesanos que fabrican a ciegas productos en masa

ignorando cualquier tipo de tratamiento estético en sus creaciones. La Bauhaus no quiere incurrir en errores del pasado y huye de la formación encorsetada

en los parámetros de las obsoletas enseñanzas del dibujo. Walter Gropius opina que “el objetivo último de toda actividad artística es la construcción”

y basa todo su proyecto y su planteamiento metodológico en la idea de la “obra de arte unitaria” en la que deben confluir las diversas disciplinas

artesanales y artísticas.

 

                             

                    

 

 

                                            

 

Instituciones

                                                                                                              

 

Texas size. Austin como centro de obra gráfica

Por:  Teresa Gómez Martorell

Everything is bigger in Texas, se dice popularmente. Lo primero que llama la atención del estado de Texas es su tamaño, con una extensión

que supera la superficie de toda España.

Cuando hablamos de arte en Estados Unidos, acude siempre a nuestra mente Nueva York, aunque un profesional más familiarizado con este

mundo incluirá dos o tres ciudades más. Texas es el gran desconocido y sin embargo cuenta con una comunidad artística activa y bien organizada.

Austin, su capital, es famosa en todo el país por su promoción de la música en vivo, pero más allá del tópico exhibe un gran ambiente artístico

y un talante liberal entre sus habitantes.

 

         

 Entrevista

                                                                                                                            

 

Milagros del Corral. Directora de la Biblioteca Nacional de España 

Por: Enrique González

Desde que, en 2007, Milagros del Corral asumió la dirección de la Biblioteca Nacional de España, esta institución parece haber enderezado su

errático rumbo. Por encima de todo amante de los libros, esta infatigable mujer ha hecho de la motivación una premisa. El trabajo de equipo es

condición ineludible para que la Biblioteca Nacional no pierda el tren de los tiempos, para afrontar la modernización de sus métodos, y la

digitalización y universalización de sus fondos bibliográficos.  

 

                                                                                                                 

     

 

 

 Entrevista

                                                                                                                             

 

Luis Gordillo. Arte sin palabras

Por:  Enrique González

Gordillo viene desarrollando una carrera coherente marcada por la libertad, la experimentación y la apuesta por utilizar los medios técnicos

que se le brindan en cada momento. Su personalísimo lenguaje, sin embargo, siempre ha impedido su catalogación por los más ortodoxos.

En definitiva, hablamos de un artista difícilmente encasillable.

Natural de Sevilla (1934), Luis Gordillo nació en el seno de una familia acomodada. Desde su primera edad sintió inclinación por el arte,

aunque en un principio estudiaría Derecho. Fue más tarde cuando cursó Bellas Artes, pero pronto sintió la falta de formación que ofrecía y

decidió establecerse en el París de 1958, en aquel momento hervidero del arte internacional. Durante su estancia en la ciudad del Sena conoce

la obra de Jean Dubuffet y Jean Fautrier, precursores del Art Brut y el Tachismo, por cuyas obras siente verdadera atracción. A continuación

dirigirá su mirada hacia el Pop Art y la figura de Francis Bacon, iniciando la introspección en el psicoanálisis, factor determinante en la

construcción de su obra. Será en 1966 cuando el crítico y teórico de arte Juan Antonio Aguirre lo incluya en el grupo Nueva Generación,

que aglutinaba artistas como Jordi Teixidor, Yturralde o Alexanco.

 

                             

 

 

Entornado

                                                                                                                             

 

De la materia a lo inmaterial, de la ortodoxia a la heterodoxia.

Contra ideas tóxicas y en pos de otros públicos

Por: Felipe Ehrenberg

Todos saben que defiendo a capa y espada el derecho que tenemos los artistas a vender nuestras obras y vivir de lo que hacemos sin ser

obligados a emplearnos por un sueldo. De esto a que únicamente se valide lo que manejan los mercaderes hay una gran distancia. Lo que

ellos buscan en buena medida, es mercancía artística que siga las pautas de una suerte de artepurismo internacionalista, que incluye, por

supuesto, producciones que entretienen (conversation pieces) o que espantan (shock value). Para épater la bourgoisie, los cocos predilectos son

personajes como Richard Serra o Damien Hirst, son los night-shyamalanes de las ferias internacionales de arte y empresas jugueras, sus obras

el equivalente Halloween, Viernes 13 y El exorcista...

Bien lo resume Zavala en una ponencia ligeramente contradictoria1:El mercado sigue privilegiando la obra tradicional por encima de la obra de los

artistas que usan nuevas tecnologías. La razón es que el mercado está apuntalado en el principio de la autenticidad y control del número de obras, que permite

subir el precio conforme el autor se cotiza día con día....”

Quiso la circunstancia que me formara “a la antigüita”, bajo la tutela  directa de artistas en funciones y muy distintos entre sí (y todos

grabadores consumados), Mathías Goeritz, Feliciano Bejar, el grabador colombiano Guillermo Santamaría, los hermanos Chávez Morado,

Héctor Xavier, Alice Rahon, Arnold Belkin. ¡Qué elenco tan ecléctico! Gracias a estos iconoclastas, tan diferentes entre sí, me salvé de ser deformado por la manera de pensar que regía en las academias de arte del momento, nacionalismo ramplón por un lado, internacionalismo malinchista por el otro, en ambos casos, pensamientos lastrados de deberes y obligaciones con respecto a lo que se puede o no hacer como

artista, que a mi joven entender poco o nada tenían que ver con el arte. Cada uno de mis maestros a su manera me enseñó a cultivar mis habilidades técnicas y a la vez, mis técnicas para pensar. Aprendí que el arte dialoga con el arte mismo, ciertamente, pero antes de todo, que

el arte debe dialogar con gente fuera del arte.

 

                

 

Proceso técnico

                                                                                                                             

 

El monotipo. Series en términos de edición

Por: Alberto Marcos Barbado

A medio camino entre la pintura, el dibujo y las artes gráficas el monotipo siempre ha permanecido en una situación de abandono por parte de

los artistas y del público en general. Los grabadores más clásicos se niegan a considerarlo una técnica gráfica, ya que generalmente se entiende

que éstas pueden reproducirse mecánicamente, y hay quien confiere a esta antigua característica su señal más distintiva. Mientras, los pintores y dibujantes lo excluyen de su terreno por su cualidad de imagen impresa, ya que hace que dependa, por lo general, de los sistemas de estampación

y toda su parafernalia.

Parece que, por alguna razón, mientras que en las artes gráficas en general se ha desarrollado una cierta libertad creativa en el siglo XX, el

monotipo aún sigue viéndose bajo el prisma de lo que en su día fueron las artes de la imprenta. Su naturaleza única es anecdótica desde una

perspectiva estética, ya que cobra importancia sólo en contraposición al resto de técnicas de las artes gráficas. Por ello sería interesante acometer

la práctica con una visión más liberal, y así valorar con justicia sus cualidades técnicas y artísticas.

 

           

 

 

 

 

 

 

Número 21.  noviembre - diciembre 2009